Creo que el sindicalista Ongaro visitó por los años sesenta a Perón en Puerta de Hierro. Cuenta mi informante que a lo largo de una prolongada conversación Perón sintió que congeniaba con su interlocutor. Este vestía camisa y pantalón. A la hora de la despedida había refrescado y llovía. Perón fue a buscar un abrigo, no recuerdo si impermeable o sobretodo. Confuso por el honor, Ongaro, que era delgado y más bien bajo, murmuró:Adolfo Bioy Casares, 1987, Descanso de caminantes, Editorial Sudamericana.
—No, gracias, gracias. No hace frío. Además de ser grande para mí.
—No —repuso Perón—. Le va a quedar justito. A medida.
Pensé que la historia parece de una saga y que le hubiera gustado a Borges.
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domingo, 7 de agosto de 2016
Lo que dicen los otros XXXVII: Bioy relata una anécdota que le contaron sobre Raimundo Ongaro.
sábado, 16 de julio de 2016
Lo que dicen los otros XXXVI: Bioy y las adaptaciones cinematográficas, o la mutabilidad del verosímil.
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| ABC encuadrado para Mr Robot |
Si mis novelas y cuentos son creíbles, no lo son por la esencia de la historia, sino por las precauciones que tomo al contarla. Mis adaptadores (para cine o televisión) ingenuamente creen en esa credibilidad y no toman las precauciones adecuadas para el cambio de género. Lo que es creíble para el lector (que no ve, que sólo imagina) puede no serlo para el espectador.
Adolfo Bioy Casares, 1975, Descanso de caminantes, Editorial Sudamericana.
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