martes, 23 de octubre de 2007

¡Me publicaron!


Sí, a mi cuento Amigos (no a mi, como se puede inferir erróneamente por el título un tanto apresurado de esta entrada) lo publicaron en Axxón, en la sección Ficción Breve (treinta y cinco).
La Axxón es una revista de ciencia ficción y fantasía pionera en el formato digital, en el que ya lleva 18 años publicando. Empezó saliendo en diskettes de cinco y cuarto, en un "ejecutable" interactivo, años antes de los primeros CD-ROM. Siempre fue de distribución gratuita y ahora vive en la red de redes.
Recuerdo leerla en las PCs de la empresa del padre de Silvina, mi novia en aquellos años, todavía carente (yo) de esta herramienta tan común hoy día (la PC, no la novia).
El cuento tiene una historia aún más larga. Empezó su existencia en Río Gallegos en 1988, mientras hacía la colimba. Lo perdí, pero lo reescribí en Palma de Mallorca en 1989. Sufrió sus últimas mutaciones este año, al pasar por Taller 7, donde con ayuda de algunos camaradas de pluma recibió su forma final.
Hoy se convierte en mi primer cuento publicado...
Increíble... Increíble que ya hubiera estado escrito cuando nacía Axxón.
Da para alguna narración conjetural sobre mi propia vida al respecto... Pero prefiero dejarla para cuando deje de estar tan contento.

domingo, 14 de octubre de 2007

700

 

Todos han hablado de 300.
¿Por qué ser menos? Mejor aún, más que dupliquemos la apuesta y hablemos de 700.
Pero empecemos por los 300 que todos conocen.
Una película que contiene o pertenece a tantos de mis intereses y pasiones: historia, guerra, cómics, griegos, epopeyas en espacios cerrados, actos heroicos y desesperados, imágenes cautivantes, hombres musculosos semidesnudos (¡ups! ¿Lo dije o lo pensé?)... Obvio que tengo algo que decir también.
Antes de verla había leído un montón (pero supongo que una ínfima parte) de todo lo que se escribió al respecto, escuchado el "boca a boca" ( "teclado a pantalla" en muchos casos) y en seguida me produjo un ruido con lo que recordaba del cómic que leí hace unos meses. Así que, ya que leí tanto pre-digerido, decidí que necesitaba refrescarme en las fuentes y volví a leer la novela gráfica antes de ir al cine.
Con Miller, leer no es tan importante como mirar. Su fuerte, aún sobre su condición de guionista, es su capacidad de transmitir él con su dibujo o a través de otros dibujantes un relato que reside más en la diagramación que en la palabra. Un relato en que no sólo lo escrito y lo dibujado cuentan, si no que también como se ven en el conjunto de la página. Tener en cuenta esto, la capacidad de transmitir significados más allá de lo directo y a través de la composición, es importante para entender algunas cosas que no son tan inocentes como parecen en la película y que todo "trabajador de la imagen" conoce y usa (o abusa).
Después de la excelente adaptación que hicieron en conjunto Robert Rodríguez y el mismo Miller de Sin City, realmente esperaba con ganas esta peli. Como dije antes, toca muchos de los tópicos que me interesan.
Bueno... Perdón si divago un poco a diferentes temas y me voy por las ramas constantemente. Y mis disculpas si esto lo lee alguien que no vio la película o leyó el cómic (por suerte, que cuente el final no revela nada nuevo, salvo para algún descolgado absoluto o educado fuera de nuestra cultura occidental).
Lo que se vive en la película no es lo mismo que en la historieta, ni desde el relato, ni desde la ideología... Ni siquiera desde la historia...
Esto en sí no es malo, porque para hacer una buena adaptación a un medio diferente, generalmente hay que retorcer el producto original hasta convertirlo en algo potable en el nuevo formato. Pero lo curioso es que la adaptación en este caso parece, si se la mira a vuelo de pájaro, un calco visual y punto por punto, a nivel relato, del original.
¿Dónde está la diferencia, entonces?
Vamos tan ordenadamente como viene a mi cabeza, tratando de respetar la cronología del film y comparándolos (al film y la cronología) con la historieta de Miller...
Leónidas en la película advierte de entrada al mensajero de Jerjes, enviado para negociar la paz con Esparta, que será responsable por sus palabras. El persa se horroriza cuando Gorgo, la reina, lo insulta (porque, de hecho, lo trató como menos que hombre), y contesta de mala manera. Entonces, cuando Leónidas lo tira al foso, lo hace después de un mensaje edificador sobre el insulto que le hace a su reina y sobre la responsabilidad del uso de la palabra. Esto en el cómic es muy diferente: Gorgo no habla, al mensajero los espartanos lo tratan con socarronería desde el principio y Leónidas lo tira al foso por el mensaje que él quiere mandar, no por lo que el persa haya dicho (mucho menos por insultar a la reina).
Gorgo no tiene en el cómic el peso que le da la película. De hecho, toda la subtrama política que transcurre en Esparta cuando los 300 parten es "original" de la peli (esto incluye el discurso del "freedom isn't free and we pay for it with blood"). Esta es la diferencia más evidente y hasta cierto punto no muy molesta... Es que si no, todos los personajes femeninos hubieran sido esclavas de un tipo o de otro, algo impensable para Hollywood (por lo menos, en los últimos años de "political correctness") y hubieran tenido una sola línea de diálogo. Peor, ¡hubieran parecido mujeres viviendo en las condiciones en que vivían en el siglo IV a.C.!
Ok. En Esparta tenían más "libertad", como que podían heredar bienes de sus maridos y participaban en muchas actividades en conjunto antes de casarse, sobre todo deportivas. Y andaban medio desnudas por ahí. Pero no eran oradoras. Sus maridos las podían prestar a sus amigos o guerreros jóvenes para engendrar más espartanos... De hecho, era común que se esperara de ellas que siguieran engendrando espartanos cuando sus maridos pasaban años en campaña.
Frenemos acá un instante para pensar un poco en esto, porque a partir de acá es cuando la obra de Miller y la de Snyder se separan y empiezan a tomar derroteros totalmente diferentes.
Pongámonos en el contexto histórico, en un aspecto que no aparece en el cómic ni en la película, pero creo que es relevante: estamos a 10 años de que los atenienses les patearon el culo a los persas en Maratón. Los espartanos se la perdieron. Llegaron al campo de batalla sólo para reconocer la magnitud de la victoria de esos afeminados de ideas raras de Atenas.
Leónidas es un rey de alrededor de 50 años de edad, casi al borde de la expectativa de vida en esa época y definitivamente entrado en la senectud (en esa época, repito para las almas sensibles). Un espartano desde que nacía hasta que moría se preparaba para pelear. De hecho, se preparaba para tener una buena muerte en batalla. Una batalla para un espartano era como el cumpleaños de quince o el Bar Mitzvá. Se pasaban horas peinándose y poniéndose aceite mutuamente antes de la pelea. Imagínense lo que significaba entonces para un rey de Esparta. Uno que en plenitud de sus fuerzas vio escaparse la oportunidad de cubrirse de honor contra los bárbaros de Darío y ahora se le escapa, lentamente, la vida, sin otra ocupación que masacrar alguna aldea de ilotas (esclavos de Esparta) de vez en cuando. No hay gloria en la rutina.
Entonces, ¿les parece que haya matado a los mensajeros porque insultaron a su esposa o porque pensara en lo mejor para Esparta?
Si todavía no les parece que hay algo raro, ahondemos un poco más en lo que podría haber sido la mente de un espartano. Ya de movida, el hecho de que llegara a tomar conciencia de sí era un asunto de suerte. Una verruga mal puesta cuando nació, ¡ñácate! ¡Al acantilado! Después, la antítesis de "los únicos privilegiados son los niños"; en Esparta los únicos privilegiados eran los fuertes y no hay nada más débil que un niño. Para cuando llegaban a los 7 años, seguramente habían sufrido más humillaciones y vejámenes que nosotros en toda nuestra vida, eso mientras vivían con sus familias. A partir de los 7, se los alejaba de los suyos (pero recuerden que estas familia también eran de espartanos), y en la agogé, que hoy sería algo así como una academia militar del infierno, las humillaciones y los vejámenes se sistematizaban con el objeto de volver al niño un espartano, esto es, un guerrero que sólo responde a Esparta. Se les enseñaba a robar, a matar, a ser crueles con los débiles, a mantenerse callados (la palabra "lacónico" viene de Lacedemonia, nombre helénico de Esparta; esto los convirtió, al contrario del resto de Grecia, tan abocada a la retórica, en maestros de la respuesta irónica y cortita, el "one liner" del sitcom yankee) y, por supuesto, a amar a un compañero mayor. Lo que se conseguía era más que un soldado: era un psicópata perfecto. Si tenía algo de humano o sensible, era reprimido sin piedad.
Ahora, ¿sigue pareciendo tan "inocente" la matanza de los mensajeros, la provocación a Jerjes, ese proto Golfo de Tonkín?
En el cómic no tiene nada de inocente, simplemente pasa. En el film se lo justifica.
Ya tenemos dos personajes, dos Leónidas, completamente diferentes, por un simple discursito justificativo. Uno, el de Miller, simplemente mata a los mensajeros del hijo de Darío. El otro, el de Snyder, lo hace porque insultaron a su mujer (algo que ningún macho puede dejar pasar) y porque hace al mensajero responsable por el mensaje (previo aviso: todos sabemos que el que avisa no es traidor).
Sigamos adelante con algunas pequeñeces.
Se prepara Leónidas con sus 300 para irse, uno de ellos se adelanta y grita: "Estoy contigo hasta la muerte", Leónidas lo mira y se sonríe. Sigue adelante... Su guardia personal lo idolatra.
En la historieta, esa situación está, pero en un contexto que le da una dimensión completamente diferente, en la última noche de batalla, cuando se saben rodeados y después que Leónidas les dice que van a quedarse ahí a pelear hasta el final. Ahí salta el tipo con su frasecita... Pero Leónidas no sonríe para sí paternalmente... La respuesta de Leónidas es "lacónica": "No te estaba preguntando, espartano". Clarísimo... Esa era la libertad que tenían los espartanos... Morir por Esparta (por lo que el rey de Esparta decretara, de hecho) no era una elección.
Volvemos al tiempo de la película y seguimos ahí, a punto de irnos con los 300.
Cuando los miembros del consejo que lo están despidiendo (recordemos que el consejo había decidido no ir a la guerra y que Leónidas parte "de paseo" con su guardia personal, los 300) le preguntan que deben hacer en su ausencia, Leónidas simplemente les recuerda su deber como espartanos: reproducirse. En la peli lo hacen aparecer, por el contexto, como un insulto. A mí no me queda tan claro. Si un espartano no está peleando, tiene que estar produciendo más espartanos. Recuérdese que Esparta era una ciudad sin murallas. "Las murallas de Esparta son los espartanos", se decía. Pero, asimismo, se puede asociar con un deber femenino: es el rol de la mujer por excelencia.
Ni hablemos de la despedida con Gorgo. En el cómic, Gorgo se entera que su rey se va en ese mismo momento, no la noche anterior. Su comentario: "Por eso estabas tan entusiasta anoche" (entusiasmo que el cómic no muestra, pero la película sí, en una de esas escenas de sexo estilizado que se pueden pasar a las dos de la tarde en Discovery Kids). Despide a su hombre con la típica frase espartana que nos enseñan en la secundaria: "Vuelve con el escudo o sobre él" y punto... En la película tenemos hasta un edulcorado intercambio de objetos, símbolo de su amor. Que no sería tan terrible si no fuera por como banaliza a posteriori el mensaje que Leónidas (no) envía por Dilios, cuando lo manda de vuelta a Esparta para contar la historia que galvanizaría a los griegos. En el cómic, ya estaba todo dicho entre ellos, como espartano y espartana, no había necesidad de esa ida y vuelta (banal) de un símbolo de "amor" moderno.
Partimos hacia las Termópilas.
La marcha que nos cuenta Miller es un constante recordatorio de la dureza y crueldad de los espartanos. El castigo físico a la debilidad. El "baile" permanente al que se somete a los soldados.
La escena más importante nos cuenta que el capitán recibe una golpiza que lo duerme del propio Leónidas, por haberse propasado con una golpiza que, a su vez, le estaba dando a Stelios, que se la merecía por haber tropezado...
La marcha que nos cuenta Snyder... Bueno, Snyder en realidad nos cuenta que los persas son muy malos y matan a todos en una aldea y los usan de decoración navideña.
¿Por qué? Porque si no, siguiendo con la historia de Miller, el próximo impacto de crueldad, los exploradores persas empalados y usados como argamasa, hubiera seguido mostrando a los espartanos como... espartanos, en lugar de paladines de la Nueva Era. Ahora, después de ver lo que hicieron los exploradores persas, la crueldad espartana es sólo una respuesta adecuada (otra vez, como con el asesinato de los mensajeros de Jerjes).
Después viene toda la parte de las peleas, bastante buenas, sobre todo en relación con otras del género de espadas y sandalias que hubo recientemente.
Debo confesar que una buena pelea, bien filmada, me complace sobremanera (giro idiomático este último que he estado esperando por años poder usar). Casi que perdono la atrocidad que se hizo con La Ilíada en Troya al verlo a Aquiles pelear haciendo honor a su seudónimo, "el de los pies ligeros".
Acá los combates están filmados de un modo no muy original después de Matrix, pero no abusan de los cortes abruptos como en otras y se enfocan en el accionar de un personaje por vez, dándole a la acción una cierta coherencia y una estética que en general se extraña en otros intentos similares.
Por cierto, el rinoceronte y el gigante de los Inmortales, son invención de Snyder, no aparecen en el original.
Los Inmortales... Miller exagera todo: Efialtes no es un simple jorobado, es un jorobado exagerado. Pero Snyder convierte al enemigo en bestias. Los Inmortales son bestias, no soldados preparados por años como los de Esparta. Hay bestias de todo tipo al servicio de Jerjes, hasta un verdugo semi-humano con brazos de hacha (que tampoco está en el cómic: al general fracasado le cortan la cabeza con una muy común hacha de dos hojas)...
¡Ojo! No hay duda de que la corte de un rey de reyes de esa época debe haber sido un circo freak, pero acá hay una evidente bestialización de todo lo que no es griego.
Esto me recuerda algo que dijo el excelente historiador y execrable bushista de la primera hora Victor David Hanson (cuyo libro The Western Way of War está en la lista de recomendados para leer sobre la historia de las Termópilas en el graphic novel de Miller) en su crítica (elogiosa, por cierto) de la película: que la película refleja claramente como los griegos (y, por ende, los espartanos) se veían a sí mismos. Hablando de como los griegos se ven a sí mismos, no puedo dejar de pensar en Homero, pero Homero Simpson, cuando piensa en sí mismo y se ve con un cuerpo atlético. Y algo de cierto hay: los griegos se veían como los iluminados en un mundo de bestias. Pero digamos que ahí se huele un poco más del tufillo post 9/11 que en muchas de las otras cosas que vengo puntualizando: lo que era exageración en la historieta de 1998, se convierte en deshumanización absoluta en la película del 2006. Este cambio es el que me parece el menos inocente de todos.
La traición de Efialtes es otro punto (¿más?) de diferencia entre las dos obras. Va todo igual hasta que Leónidas le hace levantar el escudo y le dice que lo siente, que no puede pelear a su lado. Ahí, obviamente, en la película se lo suaviza con la sugerencia de que puede hacer tareas auxiliares para los espartanos, que es una tarea de ilota (esclavo espartano, pero no olvidemos que Efialtes es espartano, después de todo, no puede aceptar eso de todos modos, ni creo que otro espartano se lo hubiera ofrecido, a menos que lo hiciera como insulto mortal, aunque a nuestros oídos, y en el contexto de la película, suene como una oportunidad). "Maldito seas, Leónidas", dice Efialtes, y ya sabemos que pasa.
En el comic book, Efialtes se da cuenta de que sus padres "se equivocaron por amor" al no tirarlo del risco como correspondía con un deforme y hace él lo que debieran haber hecho ellos como buenos espartanos: salta de un risco (sin que Leónidas se mosquee por el asunto). Se hace pomada, pero sobrevive. Recién ahí, sintiéndose traicionado por sus propios dioses, decide vengarse de su destino. Si ni siquiera haciendo lo que debe hacer un espartano en su caso, tiene éxito, debe buscar otra cosa.
En una escena posterior (que no está en la película) se lo ve conmovido por la crueldad innecesaria con que los Inmortales a los que guía despachan a los pocos griegos (no espartanos) que defendían el paso secreto hacia las espaldas de los 300, y eso le da otro sentido a su alegato final con Leónidas: Efialtes realmente quiere que nadie muera y que todos ganen algo. No deja de ser un traidor, pero no es el monstruo traidor que pinta Snyder que se vende por un free pass a un burdel freak. Es un tipo traicionado a su vez por sus padres, su nación y sus dioses.
Otro detalle: la relación de Stelios no es con el hijo del capitán, si no con el capitán, y es una de burla y rebaja constante, no de camaradería viril, e incluye castigo físico directo, como en el episodio antecitado de la marcha. De que el capitán tiene un hijo no nos enteramos en la historieta hasta que lo matan y se vuelve loco, rompiendo la formación.
Eso es volverse loco para un espartano: romper la formación. El espartano no es el héroe homérico, el guerrero de areté (virtud, algo que destaca, en este caso en combate), que sale a pelear mano a mano contra otros guerreros de similares características y concepto del honor.
La fuerza militar de Esparta reside en la falange: fila tras fila de hombres con largas lanzas, formando un compacto erizo mortífero imposible de resistir (hasta que al astuto Epaminondas de Tebas se le ocurrió el "orden oblicuo" y arrasó con los espartanos, pero eso es otra historia). La virtud individual, entonces, pasó de ser el areté, lo que distinguía al individuo, a ser la sophrosiné, la templanza, el "matener la línea", ser parte, un engranaje anónimo, pero indispensable, de la falange.
Cuando Héctor mata a Patroclo, su parej... errr... amigo Aquiles, enloquece y mata a un rebaño de ovejas y hace todo tipo de salvajadas en venganza por su muerte. Ni un griego se mosqueó (no mucho). Cuando los persas matan al hijo del capitán, este, en su locura, rompe la formación y avanza por adelante de la línea, exponiendo al resto de los espartanos. Lo reducen entre tres, pero no por salvarlo de su locura, sino para devolverlo a la formación.
En fin, vayamos al último punto, exclusivo de la película, absolutamente visual y de alto impacto ideológico: la muerte de Leónidas. Mejor dicho, la última imagen de Leónidas muerto, atravesado por flechas, los brazos abiertos en cruz.. Si, la perfecta iconografía cristiana... Eso que decía al principio de transmitir significados a través de la composición, ¿se acuerdan? Inmediatamente me vino a la memoria la primera vez que me di cuenta de esto, en mi adolescencia (tal vez niñez), mirando El Hombre Omega, pálida adaptación protagonizada por Charlton Heston del excelente libro de Richard Matheson Soy Leyenda. En esa adaptación, dan vuelta totalmente el sentido del libro y terminan convirtiendo al mandibuloso Heston en un mártir, que muere con los brazos extendidos, la cabeza volcada a un lado... Miller también usó el recurso en otra historieta (Daredevil Reborn, si mal no recuerdo) en una hermosa composición en que los cuadros tradicionales de la historieta dibujaban una cruz con el protagonista adentro. Pero con otro sentido, de renacimiento, después de la muerte.
Como dije antes, en fin... No voy a entrar en detalles sobre la incongruencia conceptual de esto. El mensaje, de todos modos, es claro.
¿Conclusiones? Es una película que apela a emociones primarias, pero a mí, que lloro con todas, no me emocionó ni un poquito. Yo lloro con El viento y el león en la parte en que los árabes pisotean el oro que les dan los europeos por traicionar al Raisuli (¿se escribía así?). En serio. Todas las veces que la veo.
Visualmente y cinemáticamente, es impecable, aún en su manera burda de transmitir algunos mensajes.
Le falta ritmo. Le falta substancia.
Que no hablen de los 700 griegos que se quedaron con los 300 vaya y pase porque se habla de la leyenda, el mito, de esos 300.
¿Es tan bushista como la pintan? No se... Mucho de lo que parece ideología neocon en un primer vistazo, también se puede explicar por la simple edulcoración a que propende todo producto de Hollywood, de izquierda, de derecha o del medio. Los grises no existen. Los buenos deben ser buenos. No pueden ser una banda de psicópatas peleando por un capricho de un rey al que se le pasa el cuarto de hora sin gloria. Entonces, pelean por La Libertad (o, como se le "escapó" a Leónidas en uno de los discursitos de entre batallas, "las libertades", que automáticamente nos remite a "las libertades civiles", que brillaban por su ausencia incluso en el contexto casi naif de la película), la Razón, la Justicia.
Eso, intencionadamente o no, pone la película, hoy, en el campo de la propaganda bélica, de los que creen en la guerra entre civilizaciones.
Una pena.
Pero un excelente material para disparar reflexiones sobre los cuatro niveles que encontramos en este episodio cultural:
- El hecho histórico.
- El mito histórico.
- La transformación del mito en un relato: el cómic de Miller (a su vez, basado en otros relatos, referidos al mito y al hecho histórico).
- La adaptación de ese relato al cine de Hollywood (una fábrica de mitos con sus propias reglas).
Sobre el hecho histórico, tenemos una batalla en condiciones desiguales entre el ejército más poderoso de la época, contra una fuerza mínima de griegos. Ahora bien, la historia nos cuenta que eran alrededor de 7.000 los griegos defendiendo un paso virtualmente inaccesible para el atacante. Los espartanos, una pequeña proporción (incluso si se cuentan los ilotas que los acompañaban, alrededor de dos por cada espartano), asumen el mando y pelean hasta el final, cuando el enemigo descubrió el paso alternativo y los Inmortales los rodean.
Pero los espartanos no se quedaron solos. No murieron 300 en ese día final. Con ellos murieron 700 tespios. Encima, la guerra no se definió ni cambió mucho por este gesto desesperado, que, al fin y al cabo, fue una derrota. La guerra se definió en el mar, con la batalla de Salamina, dónde la flota ateniense derrotó a una flota superior persa. ¿Cuántos recuerdan la heroica batalla de Salamina, con los griegos, menos numerosos, efectivamente ganando? Interesante, ¿no?
El mito, tal como nos llega, sólo nos habla de Leónidas y sus espartanos. ¿Por qué?
Tal vez porque la estructura de los relatos que perduran y nos gustan a un nivel casi podríamos decir que visceral tiende a ser muy simple. No puede frenar la acción ejemplar, heroica, para explicarnos que no eran sólo espartanos, que la batalla en sí no fue definitoria y entrar en ese mar de grises que es la historia real. Digamos que en ese sentido la construcción mítica de estos actos ejemplares funciona mucho como la propaganda: exaltando un aspecto y, de ser necesario, volviéndolo algo mucho más relevante de lo que fue. En el caso de las Termópilas, afirmando que la batalla aglutinó el espíritu helénico y permitió derrotar a los persas... Cuando la realidad nos muestra que los griegos ya estaban tirando para el mismo lado y en cuanto derrotaron a los persas ya se volvieron a agarrar del cuello unos a otros... Pero la realidad no es el territorio del mito, aunque muchas veces tome un elemento de ella y lo exagere en un aspecto, como en este caso.
Y del mito es de donde salen los relatos "populares". Uno de estos relatos es la graphic novel de Miller, inspirada en The Hot Gates de William Golding, entre otras fuentes. Como fui comentando a lo largo de la crítica, la historieta de Miller queda bastante bien parada frente a lo que se hizo de ella: no hay una toma de partido ética en las acciones de ninguno de los bandos, los espartanos, a pesar de ser los "héroes", son mostrados con toda la crueldad que poseen, la acción es llevada adelante, valga la redundancia, por la acción misma. No es un gran cómic, pero es una historia bien contada sobre el mito, "revisado" a la luz del conocimiento histórico: tal vez no aparezcan los ilotas, pero no es esa la historia que le interesaba contar a Miller. O sea, existe un recorte de la realidad, pero al mismo tiempo un cierto respeto por esta.
Hollywood, la fábrica de mitos de la era moderna y post-moderna, no acepta grises. Tiene varias reglas claras en cuanto a lo que "vende" y a lo que es "aceptable". Los grises no entran en la ecuación. De las Termópilas, sólo ven los 300; de los 300, sólo ven los aspectos heroicos; los héroes no dudan ni tienen matices: si hacen algo malo, es porque les hicieron algo malo. Como decía antes, uno debe adaptar el relato al medio. Pasar del cómic al cine, aunque tienen muchos elementos de relato en común, implica una concentración en ciertos aspectos en detrimento de otros. A veces, hasta inversiones, para hacer el relato inteligible (un ejemplo muy claro es Blade Runner, donde se concentra todo en la acción policial de la novela de Dick e incluso se invierten cosas, como la relación con animales "vivos" y "mecánicos", por no disponer el tiempo como para explicarlo adecuadamente si se siguiera el camino de la novela). Lo extraño es que en este caso la graphic novel es muy acotada y, así como se puso especial cuidado en reproducir al detalle algunos "fotogramas" de la historieta, la historia en sí hubiera resistido el pasaje sin muchos problemas (los que ya señalé anteriormente).
Esto va más allá de una intención política manifiesta, a pesar de la oportunidad (¿oportunismo?) del estreno. Tiene que ver con esta idea de un público que no "compra" los matices, las historias bien contadas, que recibe todo a nivel visceral y sólo reacciona a las fórmulas. Esto lo que muestra en realidad es la falta de imaginación de los ejecutivos de Hollywood, que, el día de hoy, son más administradores de empresas que productores creativos de carrera. Pero creo que no descubro nada nuevo.
Antes de terminar, quisiera volver un poco sobre el caso de los tespios. Tespia era una pequeña ciudad al norte de Atenas, justo en el camino de los persas. En Tespia se dedicaban al arte, no a la guerra. Vivían en democracia. Los 700 tespios que eligieron morir en las Termópilas eran los únicos soldados que tenían para defenderla. Después de la batalla, Jerjes ocupó su ciudad y la destruyó.
El morir en batalla era un honor para los espartanos. Si eran derrotados, un deber. Sólo una mínima parte de su poderoso ejército estaba involucrada en la batalla y Esparta no corría ningún riesgo inminente.
Los tespios eran verdaderos ciudadanos libres, que se ofrecieron al sacrificio por honor y dignidad, no por condicionamiento educativo.
¿No hay en los tespios en las Termópilas material para un mito mucho más hermoso?

domingo, 7 de octubre de 2007

Hay días que me levanto harto de los Padres de la Patria

Juana Azurduy
(Letra: Féliz Luna - Música: Ariel Ramírez)

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú:
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Oigo tu voz
más allá de Jujuy
y tu galope audaz,
Doña Juana Azurduy.

Me enamora la patria en agraz,
desvelada, recorro su faz;
el español no pasará
con mujeres tendrá que pelear.

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Estribillo

Truena el cañón,
préstame tu fusil
que la revolución
viene oliendo a jazmín.

Tierra del sol
en el Alto Perú,
el eco nombra aún
a Tupac Amaru.

Tierra en armas que se hace mujer,
amazona de la libertad.
Quiero formar
en tu escuadrón
y al clarín de tu voz
atacar.

jueves, 4 de octubre de 2007

El principio del fin

Hoy se cumplen 50 años del lanzamiento del Sputnik.
Por primera vez, una máquina llegó a donde ningún hombre había llegado antes...