domingo, 3 de mayo de 2009

Bobby no pudo venir...




"Bobby no pudo venir... Bobby te odia, mami"
¿Quién de mi generación no se meó en las patas con ese final?
Era una época de cuatro canales y medio en la tele, en la que todos veíamos lo mismo y lo comentábamos al otro día en la escuela. No por moda, si no porque no teníamos más remedio.
Y al día siguiente de esa peli de tres episodios, una gran cantidad de camas amanecieron mojadas. No recuerdo en qué canal la pasaron, en blanco y negro aún, no por una cuestión estilística, si no porque faltaban años para que la TV color se extendiera por Argentina.
El primer episodio pintaba como una historia de vampiros, que se resolvía en una de misterio, con Patrick Macnee sacándole la sangre con una jeringa a su mujer con vaya a saber que oscuro propósito. Luego venía una fantasía de un chico que restauraba un auto de los 30s y volvía al pasado...
Empezamos a las 22 y nos vamos acercando a la medianoche con el tercer episodio: una madre invoca a su hijo recién muerto en una noche de tormenta, sola en su mansión...
Tocan a la puerta. Es su hijo Bobby.
Bobby quiere jugar, mami.
Juegan a las escondidas en el caserón sin luz... Mami ya buscó a Bobby.
Ahora le toca a Bobby buscar a mami...
Y llega ese final, después de un crescendo impecable.
¿Autor de la joyita?
(de pie, damas y caballeros)
Richard Matheson.
Nada más que decir.
Algunos sabrán de qué hablo. Otros aún tienen la oportunidad de disfrutar este terror por primera vez.
No sé si envidiarlos...

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